María Torróntegui

El pálpito de danza y armonía, de frescura y belleza, de caricia y libertad fue el que dio a María Torróntegui la imagen de un ramo de flores de algodón recortado en un cielo de vibrantes azules. Así, el pigmento Blanc de Paris, que da nombre al perfume, es el protagonista que evoca la ligereza, la transparencia, la poesía y la sensibilidad... La más pura esencia de la belleza eterna.